Rutas a la carta

Por qué hay ciudades que mueren y otras que nunca lo harán.

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Barcelona es una ciudad hecha a sí misma. Una ciudad con voluntad de supervivencia que ha podido sobreponerse a todo tipo de circunstancias: no tiene puerto natural y sin embargo ha sido la capital de un imperio mercantil; no es capital de estado pero ha sabido liderar; ha sufrido una serie de consecuencias políticas a lo largo de la Historia absolutamente negativas, como la posguerra; se ha enfrentado a una crisis económica brutal…
La vida de las ciudades es como la de las personas, está formada por muchos momentos distintos: hay períodos apáticos, períodos brillantes, períodos críticos,… y aquellas ciudades que logran sobrevivir son las que han podido quemar con éxito todas estas etapas. Y, además, saliendo reforzadas.
 
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Naturalmente las ciudades las conforman personas y es el talante de estas personas la primera causa de este espíritu de superación. En el caso de Barcelona, esto se debe en gran medida a que siempre ha tenido mucha migración, siendo un punto de confluencia entre culturas y personas distintas que han aportado una gran vitalidad y creatividad.
Entonces, ¿Cuáles son las ciudades que mueren? Pues son aquellas que quedan ancladas en el tiempo, cerradas en sí mismas, sufriendo una endogamia que las convierte en ciudades provincianas y poco significativas.
Esta peculiar ciudad mediterránea sufre un abrumador éxito turístico conocido por todos, que por un lado reporta unos grandes beneficios económicos a la misma y que por el otro es un peligro, y eso he podido constatarlo gracias a las rutas a la carta por Barcelona que realizo.
 
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El turismo puede acabar matando la ciudad en primer lugar porque dificulta mucho el día a día de los que la habitan. En segundo lugar, por culpa de la mirada miope de aquellos que la promocionan y que ofrecen una imagen tópica y banal de la ciudad. Y, finalmente, provocando que la propia ciudad se acomode en este éxito tan fácil y pierda la originalidad y el esfuerzo que ha atraído a tantos millones de visitantes.
La ciudad tiene éxito, pero puede morir de éxito.

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